Qué esperanza la del pobre, decía mi madre.

Info Venezuela

Hace un par de meses me reuní con uno de mis grandes amigos del colegio. Al conversar con él, después de tantos años sin vernos, recordé de inmediato por qué nos habíamos escogido como hermanos e hicimos de eso un chiste al presentarnos (él es moreno y fibroso, yo soy un pan de leche con barriga): su sentido común y su fortaleza mental lo convierten en un tipo sereno, en una buena persona. Se ríe sin estridencias. Tiene buena memoria. No apela a la nostalgia fácil ni a la ironía barata. Tampoco es frívolo. Es acertado.

Su madre murió primero que la mía. Ambas de cáncer. Hoy en día, él también vive fuera de Venezuela.

En algún momento de la conversación, hablando de ellas, de nuestra adolescencia, de Puerto Ordaz, de Venezuela, me dijo algo en lo que yo nunca había reparado:

¿Por qué Hugo Chávez, caudillo fuerte, totalitario…

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